Tiempo atrás, me decidí recordar tiempos pasados que fueron inmortalizados y colgados en la red. Fueron tantos los recuerdos que volvieron a renacer en mi mente…
¡Cuánto hemos crecido, cambiado, madurado…! Y lo que nos queda en este largo camino.
Hay que valorar a todo el mundo por lo que es. Todos te acaban aportando algo. Por eso mismo hay que fijarse en el interior… algo que no hace todo el mundo.
La maravillosa imagen de la perfección que tiene la sociedad es de gente que parece esculpida por ángeles. Lo superficial.
Una persona no atrae a primera vista a los demás por ser simpático y caer bien, porque no es lo primero que se ve. Lo que quieren es… fachada.
Me han tratado como mierda y en mierda me convertí.
Hace años se metían conmigo porque estaba gordo. Ahora, es la imagen que tengo de mí.
Ya he dicho que siempre he vivido con comparaciones. Siempre he sido inferior.
Ahora me está dando igual de casi todo. Ahora estoy saliendo. Ahora estoy conociendo a la gente.
Aunque siempre quedan restos.
Lo único que aprecio es mi interior, mi personalidad. Es el único ego que tengo.
Me considero alguien fantástico. Además de que me lo dicen, puede que lo reconozca. Cuando leo cosas que escribí hace tiempo, fotos… Me gusto interiormente.
It´s something.
“¿Y de qué te sirve poseer las estrellas? -Me sirve para ser rico. -¿Y de qué te sirve ser rico? -Me sirve para comprar más estrellas.”
Bajo mi punto de vista, todo el mundo es chismoso por naturaleza. Todo el mundo quiere enterarse de todo lo que ocurre. Quien niegue esto, miente.
Pongamos el ejemplo de un señor andando por la calle y ve un montón de gente en círculo. Se detiene a mirar. Pregunta. Quiere enterarse. Después, se lo cuenta a otros que se detengan a mirar y pregunten.
Realmente, si la gente no se interesase por todo, ahora mismo no estaríamos tan avanzados en tecnología, química… Pero… ¿Hasta qué punto hay que ser cotilla?
Quiero profundizar en el ejemplo de la telebasura o telerrealidad.
Los reality están hechos para llamar la atención del espectador, jugando con el morbo. Meten a diez o veinte personas en una casa llena de cámaras, les hacen putadas de todo tipo y la gente se divierte viendo eso. Después, empiezan a introducirse en las vidas de los participantes, empiezan a comentar sobre el modo de vida que llevan, sobre lo que están haciendo… ¿No es eso mismo lo que a una persona no le gusta que hagan con ella, que comenten sobre su vida, sobre qué forma de vida llevan?
Hipocresía.
También está la gente que se enfada o alegra cuando uno entra o sale, o se gasta dinero para expulsar a alguien. ¿De qué vale alegrarse por eso? ¿Va a cambiar algo en tu vida diaria? ¿Vas a salir ganando en algún aspecto? Simplemente, están jugando con los concursantes a sus anchas para su diversión.
Están jugando con personas.
Son personas las que están ahí, con sentimientos, con su forma de ser, con sus más y sus menos. Es normal que se enfaden, se alegren, se disgusten, se enamoren y se diviertan. ¿Realmente es necesario que se entretenga en abrir un debate sobre las acciones que realiza cada uno? ¿Por qué? ¿No son personas, como tú? ¿Tú nunca te enfadas, te alegras o te equivocas?
A nadie le gusta que debatan sobre su propio estilo de vida, su relación con los demás, que comenten por qué hacen esto o que incluso se enfaden cuando hacen algo que otra persona no quiere que haga.
Entonces… ¿Para qué te metes en un reality, cuando sabes que todo el mundo va a verte, vas a ser un personaje público abierto a críticas y a que te critiquen por todo lo que hagas? ¿Dinero? ¿Fama?
En resumen, yo pienso que no está mal que la gente se interese por el exterior, por lo que le rodea, porque puedes aprender de ello o incluso ayudar a los demás, pero respetando la intimidad, que después nadie quiere que hagan lo mismo con él.
-¿Sí? -Thomas, escucha. -¿Francine? -Escucha. Hay momentos en los que la vida me exige un cambio, una transición… Como las estaciones. La primavera fue maravillosa, pero el verano acabó. Desperdiciamos el otoño... y ahora, de repente, hace frío, tanto que todo se congela. Nuestro amor se duerme y la nieve lo toma por sorpresa.Pero si te quedas dormido en la nieve, no sientes llegar a la muerte. Cuídate.
Thomas cuelga el teléfono. Suena el teléfono.
-¿Sí? -¿Qué pasó? De repente te quedaste callado. ¿Colgaste? ¿Tan malo fue? Vamos, ¿sigues molesto por lo de ayer? -No. -Bien, entonces dime, ¿fue creíble?... Ya veo. Maldición, no funciona así. ¿Cómo puedo decir que la primavera fue maravillosa pero el verano acabó sin sonar completamente melodramática? Al director le encanta, así que tendré que hallar la forma. Thomas, ¿me estás escuchando? -No. Te veo.
Tras salir de la bañera, Enrique secó sus huesudos pies en la toalla que dejó en el suelo al entrar en el baño. Se paró en seco. Miró a su alrededor. Humedad.
Cogió una toalla y se la ató a la cintura como pudo. Se sentó en el inodoro y se puso las manos en la cara, dejando caer sus codos en sus largas piernas. Estaba cansado.
Mirando a la nada, fijó su mirada en el vaho que soltó el agua caliente, diferenciando cinco líneas de un pentagrama, imaginándose una nueva melodía que jamás podría escribir.
Un rato después, se levantó a mirarse en el espejo. El largo cabello le caía por su peculiar nariz italiana, alargada y estrecha. Llevaba una semana y media sin afeitarse. Entonces se puso a llorar.
¿Por qué? Y qué más da, a nadie le va a importar. Nunca le ha importado a nadie, ahora no va a ser menos. ¿Será por esa chica rusa de hace meses? No, no puede ser. ¿Es por la riña diaria con el director, por la continua lucha con los alumnos para que mantengan silencio? Estaba tan acostumbrado que ya no le daba importancia. Entonces, ¿Por qué está así?
Después de trece minutos de reflexión, se secó el cuerpo y se puso el pantalón de siempre. Arrastrando los pies, se dirigió a su cuarto. Ahí, en su mesa, estaba el café que se hizo al llegar a casa, junto a su peculiar libro de Shakespeare y partituras escritas a media.
Antes de sentarse en la vieja silla del abuelo, se dirigió a la estantería y volvió a poner el vinilo de Mae Questel, la dobladora original de Betty Boop. Entonces, se encendió el que sería su último cigarro.
Miró por la venta. No se encontró nada nuevo. Era el mismo callejón de mala muerte, donde pasaba como siempre a la misma hora, el mismo señor encendiendo las velas del alumbrado. Enfrente, el mismo bar de siempre, con muchos señores enchaquetados fumando pipa, bebiendo whisky hablando con señoritas de cancán.
Echó la cortina y se puso a pensar. ¿Sobre qué? ¿Y a quién le importa? Lo mismo de siempre. Razones suficientes tiene para darle vueltas una y otra vez. Motivos suficientes tiene para hacerlo. ¿Hay que enumerarlos? ¿Para qué? Él ya los sabe. ¿A alguien le importa? Nadie muestra interés. Nadie quiere saber nada. A nadie le importa.
Apagó el cigarro en el viejo cenicero de barro. Estaba ahí, justamente al lado, esperándole.
¿Lo vas a hacer, Enrique? ¿Serás capaz de hacerlo? No, no eres capaz. Para hacerlo hay que ser valiente, algo que tú no eres. Eres patético, Enrique. ¿Qué más tienes que hacer para darte cuenta de que tu vida es una mierda? Cada día te das más cuenta, cada día te lo demuestras a ti mismo. Cada día te superas.
Las voces en su cabeza no cesaban. Entonces, cogió la pitillera metálica donde tenía guardadas las pastillas. La abrió lentamente. Sin mirar en su interior y con el pulso tembloroso, se las tragó todas de una sentada. Después de eso, bebió un poco de café.
Entonces, se cruzó de brazos. De un sobresalto, volvió a recordar a esa chica rusa, a su jefe, a sus alumnos, el pentagrama en el aire. Los pequeños placeres de la vida, su música, su tabaco, sus tardes interminables en el café, las risas con sus amigos. El sexo, los cabarets, sus viajes, sus paseos semanales por la Torre Eiffel, el olor de las flores. Aquel viejo baúl de su cuarto repleto de recuerdos de su infancia, el cuadro de su abuela que colgaba a mitad del pasillo, el sabor del queso que tanto le gusta. Su viejo piano, su esmoquin, su corbata de siempre, los zapatos que heredó de su padre.
Pero ya era demasiado tarde.
¿Qué hizo? ¿Fue valiente por una vez o hizo su acto más cobarde? ¿Debió haberse enfrentado a sus miedos? ¿Debió haber seguido sufriendo? ¿Debió disfrutar de la vida? ¿Debió seguir a la sociedad y dejar de ir a contracorriente? ¿Se confundió de camino o era el acertado? ¿No le comprendían o no quería que le comprendiesen?
No voy a informar nada nuevo, no voy a poner algo que no sepáis. Os vais a quedar igual después de leerlo.
Esto no os va a hacer reflexionar sobre nada. No es una crítica a la sociedad ni una muestra de mis sentimientos.
No me apetece recordar por lo que he pasado estos días. Ha sido demasiado, así que quiero olvidarlo.
He llorado, lo he pasado mal por diferentes motivos. Uno detrás de otro, en cadena. Lo que se dice una serie de catastróficas desdichas.
Ahora lo que se puedo resolver, está resuelto. En la vida hay cosas que no se pueden arreglar y no hay marcha atrás.
Yo estoy mejor, gracias.
Me he dado cuenta de que, unque no lo crea, todavía hay gente a la que le importo y no les importa escucharme, ayudarme, hacerme que me olvide de todo o sacarme de casa para bebernos una cerveza y charlar o meditar. Les pido las gracias por ayudarme.
Esto no aporta nada, lo sé, y más sabiendo que este blog está creado para expresarme y escribir cuando me siento mal. Pero es mi blog y publico lo que quiera. Para algo mío que tengo…
Próximamente prometo algo más extenso. Hasta ahora, es lo que hay.
Bien, como hace demasiado que no publico, voy a publicar una entrada no tan nueva. Una entrada que ya publiqué en su tiempo en otro sitio, la cual he vuelto a leer y me sigue gustando tanto como el primer día.
Realmente es para hacer hueco y tiempo mientras escribo algo más.
Society, I hate you. 23/02/11
Me amo. Me odio. Todo depende de la comparación que haga conmigo mismo.
Siempre he vivido con comparaciones. Me he rodeado de gente que, de alguna forma u otra, me superaban.
He vivido bajo los comentarios de “es más guapo que…”, “es más delgado que…” y “hace las cosas mejor que…”
Lo peor del asunto es que es verdad, o al menos, eso es lo que me han hecho ver. Tanto, que incluso me lo he creído demasiado.
Realmente… ¿vivo en un mundo imperfecto repleto de gente perfecta? La pregunta se responde por sí sola.
Me han hecho creer tantas veces que eso es verdad… que hay gente que me supera, que lo que hago lo hago mal...
He vivido con miedo. Miedo a que me miren mal por todo lo que hago. Auténticas fobias a lo que piense la gente de mí. Siento que todos me miran, que todos se ríen de mí haga lo que haga. Me he llegado a encontrar solo.
He llegado a tener miedo a las personas, a ir a una tienda solo, a pedir algo en un bar sin ir acompañado… me he sentido avergonzado de mí mismo.
Es muy fácil decir que lo que diga la gente no importa, que hay que pasar de los comentarios. Uno ni es sordo ni es de piedra. Por mucho que se haga oído sordo, algo se te queda grabado. Es difícil de comprender, solo lo comprende la gente que ha pasado por eso. Todo eso puede llegar a desembocar en trauma.
Al menos, siempre he tenido a mis amigos. Rectifico: he tenido a mis amigos, a veces.
Hubo una etapa en mi vida que mi vida social se resumía en… menos de diez personas. Pero claro, no para estar con ellos todos los días, porque ellos también quedaban sin mí.
Todo cambia con el tiempo. Yo me estoy recuperando. Aún quedan restos de estos traumas.
Más adelante intentaré profundizar en algunos.
Siempre suelo culpar a la sociedad de todo. Quizás no tenga la culpa. Quizás sí la tenga.
Me has cambiado la vida. Has hecho en mí lo que nunca nadie hizo ni se atrevió a hacer.
Yo antes no era ni la mitad de lo que soy ahora. No tenía tantas cosas buenas como tú dices que hoy tengo, y lo bueno que tenía, lo ocultaba por miedo al rechazo. Conocí pronto lo que era la soledad.
Nunca le he gustado a nadie. Me sentía un ser inferior. Me sentía marginado, discriminado. Creía que no pertenecía a la sociedad, que todo el mundo me daba la espalda.
El mundo me rechazaba.
Fui un marginado sin amigos, sin nadie. Me sentía solo. SOLO.
Y tras piedras y palos, resurgió un nuevo yo, alguien que no le importaba nada. De lo más bajo a lo más alto. Alguien al que le daba igual de todo... Y ahora me doy cuenta de que no se puede ser así.
Por fuera, un guerrero. Por dentro… por dentro era el mismo niño débil con miedo al rechazo.
Pero así me sentía mejor. Me sentía... en la cima. La lujuria, el sexo, el alcohol, el desfase. Me sentía vivo y no sabía que me estaba pudriendo. Así me sentía querido, ¿sabes? Creí que me querían. Buscaba... eso en los demás. Es triste, pero es la verdad
Hasta que llegaste tú a mi vida.
Demostrándome que le importaba a alguien, que a alguien le importaba que me fuese otra vez con mi ex para hacer algo sin sentimientos, a hacer algo así, algo vacío y frío. Eso fue lo que me hizo cambiar. No tienes ni idea de lo que me sirvió eso. Me hizo reflexionar muchísimo sobre la forma de vida que estaba llevando y a qué me estaba llevando todo eso. Me fui dando cuenta de lo que estaba pasando. Cuando estás dentro, no te das cuenta. Cuando lo ves desde fuera, te das asco.
Pasar de ser un marginado a ser amado.
Tú me quieres tal y como soy. Por eso muchas veces me sorprendo de lo que me quieres y lo que haces por mí, por falta de costumbre.
Yo veo que ese tipo de cosas no son para mí, sino para otra gente. Y ahora me digo ¿Yo no soy una persona como otra cualquiera? ¿Por qué no me puedo merecer esto?
Lo veo como algo tan grande, tan sincero, tan bonito y a veces siento que no me lo merezco. Ahora mismo eres la persona más importante de mi vida, por ese motivo quiero que todo sea perfecto. No estoy acostumbrado a ser querido y a veces creo que cualquier tontería puede acabar con esto, porque creo que la voy a cagar y me lo voy a cargar todo, y no quiero que caiga el pilar más importante de mi existencia, que eres tú.
Nadie me había escuchado ni ayudado como has hecho tú. Nadie se interesaba por mí, por como estoy, por mis gustos, por lo que me interesa. Nadie ha estado tan pendiente de mí ni he tenido tanta confianza con nadie como la que tengo contigo.
Y.. tengo tantas cosas que decir que jamás acabaría. Acabaría cuando acabase el infinito. Eres demasiado para mí y eres una fantástica persona. Me lo das todo sin pedir nada a cambio y eso nadie lo había hecho por mí, de verdad.
La única persona que ha sido capaz de calmarme, la persona que me ha cambiado, alguien que me ha hecho darme cuenta de muchas cosas. Me has abierto los ojos, me has cambiado la vida. Has hecho que tenga una percepción diferente de la vida. Me has enseñado mucho.
Eres una persona tan especial...
Formas parte de mí, Rafa Cabo.
- ¿Sabes lo que te pasa?. No tienes valor. Tienes miedo. Miedo de enfrentarte contigo misma y decir: "Está bien, la vida es una realidad. Las personas se pertenecen las unas a las otras porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad". Tú te consideras un espíritu libre, un ser salvaje y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula. Bueno nena, ya estás en una jaula. Tú misma la has construido, y en ella seguirás vayas a donde vayas porque no importa a donde huyas, siempre acabarás tropezando contigo misma. Desayuno con diamantes.